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27 de octubre de 2008

Cambio de cuerpo




La ciudad desagota en avenidas
Nudos de ansiedad y fobia. Y en Alvear
Entre espejos voluptuosidad dorada:
En mi antiguo cuerpo también yo
Desbordo al volante.

Chuf-chuf: motor y mañana funden
Caucho/ aire/ cemento/ sudor.
Extrañamente pego mi frente al parabrisas
Y oteo azul a las diez limpia y vertical
Para encontrarme un cabo suelto.

Cable o cabo. Cinta negra pendiente
Del infinito y caracoleando en mi cabeza.
¿Quién la sostiene? ¿Con qué material
Comunica? Flamea invitando al nudo.
Nadie mira. Solo yo asalto el cristal:

Aunque no hay lugar para colgarse
Se me sube al capot la senda blanca
Y primero las sandalias/ Después el lienzo
Blanco del ángel caído blandamente
Desde el cabo al asiento a mi derecha.

Chuf-chuf dicen que avanzo por Alvear
Entre palacios de nobles por imperio
Del saqueo. Atrás queda inalcanzado
El cable boyando entre mil torres.
La embajada de Francia: ya es Cerrito.

Sobre mi piel la mirada del convidado.
Su voz inundándome de acordes
Trepa mi alvéolo individual. Rejuvenezco.
En instantes me quito los andrajos
Y luzco un poema: el nuevo cuerpo.

- ¿Cómo sos? ¿Quién sos?
Su cara va oculta en la oquedad del tiempo
Pero mecido por la palabra voy viéndola
Amándola y besándola. Copiloto de Dios
Que entra al centro tintineando ropas
Versos brillantes: copas de eternidad.


(c) Carlos Enrique Cartolano.¨Poemas del amor que vence a la muerte¨, 2009.

15 de octubre de 2008

Hermosos poemas procedentes de México, que es norteamérica, y que es indoamérica...




Angel Rafael Nungaray (Yahualica, Jal., 1968) Es autor de los poemarios: Estaciones de la noche (2002), En el vacío de la luz (2002), Morada ulterior (2004) y Plexilio (2008). Está incluido en Poesía viva de Jalisco (2004), Muestrario de letras en Jalisco (2005), Los mejores poemas mexicanos (2006), Mapa poético de México (2008) y Animales distintos (2008). Actualmente es becario del CONACULTA y del Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico Jalisco 2008-2009.


Poema 9

________________

Hemos muerto
No donde la distancia
es el esquema
de toda algarabía
sino en la semejanza
de la sombra
que se desarrolla
en el linde corporal
del silencio


Poema 10

________________

Canto del límite
del inerte signo
El signo vaciando los cantos
de la cristalina presencia
en los cercanos lindes

Alba limitada
en la penumbra de un dios
que escala el seno apacible
de la caída

Alba del canto
Dios y sus lindes
En el remanso infranqueable
está el cristal de la presencia


Poesía en estado puro




Melissa Nungaray
nació en Guadalajara, Jalisco. Tiene diez años y cursa el quinto grado de primaria. Ha publicado poemas en las revistas: Casiopea, Ventana Interior, Alforja, La Rueda , Reverso , Ciclo literario y Letras en Rebeldía y Periódico de poesía. Es autora del libro: Raíz del cielo (Secretaria de Cultura de Jalisco/ Literalia, 2005).Está incluida en el Muestrario de letras en Jalisco (2007) y Medusas (2008). Colabora en el programa de radio Dimensión Colorida (Radio UdeG).

Alba-vigía

1

El canto
canta en mí,
donde palpitan
los sentidos
de Nadie.

2

Mis pasos
le dan sombra
al obstáculo
de la muerte.

3

No soy
lo que digo
en la lámpara
del vértigo
que lame
mi ceguedad
humana.

4

Ausencia:
donde el alba-vigía escucha
las cenizas de mi cuerpo.

5

El cielo se cierra,
el fin de la Tierra se presiente.
Finalmente el paraíso se desplaza.

6

Yo soy el cielo,
el paraíso del verdadero ojo
donde vuelan los sentidos
de la imaginación oculta.

7

El necio es provocado
por la locura
mientras la muerte
trabaja en los sabios de Dios.


8

Prosigo en el cielo
del infinito
del desigual
que acepta la agonía
del vigía.

9 de octubre de 2008

ANATEMA(*) DEL CREPÚSCULO (**)


por Alejandro Mitre

desde Guadalajara, Jal., México,

para La trampa de arena

(**)

La tierra es un poco más que azul.

Bajo esa transparencia la náusea se redime,

se convoca a los excesos y el hábito sucumbe.

Será tal vez que hemos llegado a otras cimas,

otros climas cobran vida,

otra vida se mueve en las alturas,

las alturas sucumben como peces.

Desde esas nubes todo es más azul.

Todo equívoco renace.

Las nubes nunca tomarán las formas de los sueños,

a menos que sean los de un vetusto infante.

(*)

Busco colocarme en el ámbito del eje.

Busco el sonido inmóvil,

que ahí está imperceptible

en la trémula maraña,

invisible a los ojos de la búsqueda.

La palabra que repica en el centro

y en las orillas es muda,

como el anatema del crepúsculo.

Vivo casi siempre buscando el centro,

el refugio de los agonizantes

o de los que creen

que este teatro cierra a las 15 para las 10.

Y la búsqueda cobra sentido

cuando el día se abre con una nueva luz.

Alejandro Mitre (1980) ha colaborado en las revistas Metrópolis, Ventana Interior y Azul@rte. Es autor del poemario Diáspora de la mansedumbre.

6 de septiembre de 2008

Oda a la crítica, de Pablo Neruda

Yo escribí cinco versos:
uno verde,
otro era un pan redondo,
el tercero una casa levantándose,
el cuarto era un anillo,
el quinto verso era
corto como un relámpago
y al escribirlo
me dejó en la razón su quemadura.

Y bien, los hombres,
las mujeres,
vinieron y tomaron
la sencilla materia,
brizna, viento, fulgor, barro, madera
y con tan poca cosa
construyeron paredes, pisos, sueños.
En una línea de mi poesía
secaron ropa al viento.
Comieron
mis palabras,
las guardaron
junto a la cabecera,
vivieron con un verso,
con la luz que salió de mi costado.
Entonces
llegó un crítico mudo
y otro lleno de lenguas,
y otros, otros llegaron
ciegos o llenos de ojos,
elegantes algunos
como claveles con zapatos rojos,
otros estrictamente
vestidos de cadáveres,
algunos partidarios
del rey y su elevada monarquía,
otros se habían
enredado en la frente
de Marx y pataleaban en su barba,
otros eran ingleses,
y entre todos
se lanzaron
con dientes y cuchillos,
con diccionarios y otras armas negras,
con citas respetables,
se lanzaron
a disputar mi pobre poesía
a las sencillas gentes
que la amaban:
y la hicieron embudos,
la enrollaron,
la sujetaron con cien alfileres,
la cubrieron con polvo de esqueleto,
la llenaron de tinta,
la escupieron con suave
benignidad de gatos,
la destinaron a envolver relojes,
la protegieron y la condenaron,
le arrimaron petróleo,
le dedicaron húmedos tratados,
la cocieron con leche,
le agregaron pequeñas piedrecitas,
fueron borrándole vocales,
fueron matándole
sílabas y suspiros,
la arrugaron e hicieron
un pequeño paquete
que destinaron cuidadosamente
a sus desvanes, a sus cementerios,
luego
se retiraron uno a uno
enfurecidos hasta la locura
porque no fue bastante
popular para ellos
o impregnados de dulce menosprecio
por mi ordinaria falta de tinieblas
se retiraron
todos
y entonces,
otra vez,
junto a mi poesía
volvieron a vivir
mujeres y hombres,
de nuevo hicieron fuego,
construyeron casas,
comieron pan,
se repartieron la luz
y en el amor unieron
relámpago y anillo.
Y ahora,
perdonadme, señores,
que interrumpa este cuento
que les estoy contando
y me vaya a vivir
para siempre
con la gente sencilla.


Ilustración: Obra de Tatiana Parcero, sobre Tatiana Parcero

Pablo Neruda: subir alto llevando LA poesía



Neftalí Reyes Basoalto, más conocido con el nombre de Pablo Neruda, nació el 12 de julio de 1904 en Parral. Dos años más tarde se trasladó junto a su familia a Temuco, donde estudió en el liceo de Hombres y publicó sus primeros poemas en el periódico La Mañana cuando tenía apenas 13 años.
En 1921 se radicó en Santiago para estudiar pedagogía en francés en la Universidad de Chile, y ese mismo año obtuvo el primer premio en el concurso de los Juegos Florales con el poema “Canción de la Fiesta”.
A mediados de 1923 Neruda dejó sus estudios para dedicarse a la poesía. Publicó “Crepusculario” y un año más tarde apareció “Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada”.
En 1927 el Presidente de la República Emiliano Figueroa lo nombró Cónsul de Chile en Rangún, Birmania, con lo que empezó una larga carrera diplomática. Este nombramiento le permitió viajar por todo el mundo y conocer a escritores como Federico García Lorca y Rafael Alberti. En este periodo aparecieron las obras “Residencia en la tierra”, “España en el Corazón”, “La Copa de Sangre”, y empezó a escribir “Canto General”, obra que tiempo después llegaría a ser ¨pintada¨ por los artistas mexicanos Diego Rivera y Davis Alfaro Siqueiros.
En 1945 obtiene el premio Nacional de Literatura (Chile).
Además, en 1945 fue elegido Senador de la República (Chile), cargo que ocupó hasta 1948, cuando fue desaforado por el presidente Gabriel González Videla.
En 1950 publicó “Canto General”; dos años después apareció “Los Versos del Capitán” y más tarde “Las Uvas del Viento” y “Odas Elementales”.
En 1965 recibió el título de Doctor Honoris Causa en la Universidad de Oxford y en octubre de 1971 recibió el Premio Nobel de Literatura.
Murió en Santiago el 23 de septiembre de 1973, tras lo cual se publicaron sus memorias: “Confieso que he vivido”. 


Gentileza de http://letrauniversal.blogspot.com

1 de julio de 2008

Cadáver exquisito de MARATHONICA Punta Alta




Potpurrí infinito: miles de kilómetros de lírica inolvidable


Por el fresco olor salvaje a primavera
que te crece
palabras sin
rostros volvían de los vientos...

Un abril telúrico y aciago
me surcaba cicatrices:
cinchado entre la sonrisa y mi pereza
cinchado entre lo brusco y lo que es:
Mi temor de estar encadenado
con oscuras y vagas ilusiones
encendiendo las velas
invocando milagros
para deshacer el maleficio heroico
del poder.

La ráfaga azul de un hada
del sinsentido me abrazó
y luchar y sufrir, juntar espinas
es mi oficio, tal vez, en esta vida
distante aunque te ame
para no extrañarte.

Olor a especias, a vapor de olla,
a pino, a mermelada, a beso
la foto de una madre
que nunca tuvo hijos...

No era tu tiempo de guerrera,
bandera blanca.
Tu memoria alojada en anaqueles
es una mancha de tabaco.


Durante los días 27, 28 y 29 de junio, un grupo de poetas y narradores se reunió en Punta Alta, desarrollando la Marathónica convocada por la Fundación de Poetas René Villar. Se trabajó mucho, y como en toda Marathón, no quedó tiempo para otra cosa que no fuese la literatura. De un lado al otro, del Teatro Colón a la Biblioteca Alberdi y viceversa, muchos versos cayeron del recuerdo, de la imaginación, de las bocas, de los bolsillos, de las carteras... Me puse a juntarlos y traté de armar con ellos un poema. Costó mucho porque al principio no cuadraban... Finalmente, quedó como pueden ver más arriba. ¿De quién es este cadáver exquisito? Subtítulo: Cofradía del Salitre; versos 1 y 2: Héctor Soulé Tonelli; versos 3 y 4: René Villar; versos 5 y 6: Sergio Soler; versos 7 y 8: Manuela Calvo; versos 9 y 10: Horacio Gómez; versos 11 y 12: Lucía Benedetti; versos 13 y 14: Gladys Acha; versos 15 y 16: Amaranta Guevara; versos 17 y 18: Virginia Rubio; versos 19 y 20: Matías Saitam; versos 21 y 22: Sonia Hegen; versos 23 y 24: Alejandro Paiva; versos 25 y 26: Iris Cadelago; versos 27 y 28: Carlos Cartolano. Como podrán notar quienes compartieron la Marathónica, hubo algunos que no perdieron un solo verso... O muy cuidadosos, o demasiado amarretes... ¡Los desafiamos a que nos manden alguno que otro hijo!

3 de junio de 2008

En la esquina


Se sienta solo:
Espera su sombra.
¿Quién la trae?
¿El viento/ La escarcha
Su reflejo acaso?
¿O la llave hurgará
En los fríos estantes
De su biblioteca
Hasta que alumbre el día?

(c) Carlos Enrique Cartolano, de ¨Poemas del amor que vence a la muerte¨, 2008

1 de junio de 2008

El enviado del rey


Plantado en la pampa nocturnal y fresca
Como un gran cigarro articulado. Andenes
A Grünbein (lugar de paso y de poesía)
Yendo o volviendo del humo encolumnado.
Allí debajo está el enviado a toda luz
Refulgiendo entre rastrojos/ Brillando
Contra el zinc de los espejos de cereal.
Es el enviado del rey: ¡Miren qué lujos!
¿O es la serpiente que aún somete Evas?
Mi médula espinal que muerde rebelada
O el infaltable profesor pontificando.
Representante del rey. Del más antiguo:
Condenado por sueños subversivos
Por seducir y convocar miles o millones
Salteador/ Raptor/ Iconoclasta
Revolucionaria hierba de la pampa.
Hasta que suelta un alarido. Se tensa
Como arbolito con Rauch sobre la chuza
Y lanza su malón. Sus pingos en carrera
Cambian tierras/ Reinados y pasajes.

(c) Carlos Enrique Cartolano, de ¨Poemas del amor que vence a la muerte¨, 2008

9 de mayo de 2008

Y... ¡Es la poesía, ché!



Se me ocurrió que a más de uno le vendría bien leer lo que dijo el mayor poeta vivo indoamericano, en oportunidad de ser premiado con El Cervantes. A mí, por caso, me sirvió de mucho.

"…ahí está la poesía: de pie contra la muerte…"

(…) A la poesía hoy se premia, como fuera premiada ayer y aun antes en este histórico Paraninfo donde voces muy altas resuenan todavía. Y es algo verdaderamente admirable en estos "Dürftiger Zeite", estos tiempos mezquinos, estos tiempos de penuria, como los calificaba Hölderin preguntándose "Wozu Dichter", para qué poetas. ¿Qué hubiera dicho hoy, en un mundo en el que cada tres segundos y medio un niño menor de cinco años muere de enfermedades curables, de hambre, de pobreza? Me pregunto cuántos habrán fallecido desde que comencé a decir estas palabras. Pero ahí está la poesía: de pie contra la muerte.

Safo habló del bello huerto en el que "un agua fresca rumorea entre las ramas de los manzanos, todo el lugar sombreado por las rosas y del ramaje tembloroso el sueño descendía", Mallarmé conoció la desnudez de los sueños dispersos, Santa Teresa recogía las imágenes y los fantasmas de los objetos que mueven apetitos, San Juan bebió el vino de amor que sólo una copa sirve, Cavalcanti vio a la mujer que hacía temblar de claridad el aire, Hildegarda de Bingen lloró las suaves lágrimas de la compunción, y tanta belleza cargada de más vida causa el temblor de todo el ser. ¿No será la palabra poética el sueño de otro sueño?

Santa Teresa y San Juan de la Cruz tuvieron para mí un significado muy particular en el exilio al que me condenó la dictadura militar argentina. Su lectura desde otro lugar me reunió con lo que yo mismo sentía, es decir, la presencia ausente de lo amado, Dios para ellos, el país del que fui expulsado para mí. Y cuánta compañía de imposible me brindaron. Ese es un destino "que no es sino morir muchas veces", comprobaba Teresa de Avila. Y yo moría muchas veces y más con cada noticia de un amigo o compañero asesinado o desaparecido que agrandaba la pérdida de lo amado. La dictadura militar argentina desapareció a 30.000 personas y cabe señalar que la palabra "desaparecido" es una sola, pero encierra cuatro conceptos: el secuestro de ciudadanas y ciudadanos inermes, su tortura, su asesinato y la desaparición de sus restos en el fuego, en el mar o en suelo ignoto. El Quijote me abría entonces manantiales de consuelo.

Lo leí por primera vez en mi adolescencia y con placer extremo después de cruzar, no sin esfuerzo, la barrera de las imposiciones escolares. Me acuciaba una pregunta: ¿cómo habrá sido el hombre, don Miguel? Conocía su vida de pobreza y sufrimiento, sus cárceles, su cautiverio en Argel, su Lepanto, los intentos fallidos de mejorar su suerte. Pero él, ¿quién era? Releía el autorretrato que trazó en el prólogo de las Novelas Ejemplares: "Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada", que nada me decía, salvo la mención de sus "alegres ojos". Comprendí entonces que él era en su escritura. Me interno en ella y aún hoy creo a veces escuchar sus carcajadas cuando acostaba al Caballero de la Triste Figura en el papel. Sólo quien, desde el dolor, ha escrito con verdadero goce puede dar a sus lectores un gozo semejante. Cómico es el rostro de la tragedia cuando se mira a sí misma.

Declaro que, en verdad. quise recorrer ante ustedes, con ustedes, los trabajos de Persiles y Sigismunda, o la locura quebradiza del licenciado Vidriera, o compartir la nueva admiración y la nueva maravilla del coloquio de los perros, o el combate verdaderamente ejemplar entre los poetas malos y los buenos que tiene lugar en "Viaje del Parnaso" y en el que cualquier buen poeta podía caer herido por un pésimo soneto bien arrojado. Pero tal como la lámpara alimentada a querosén que los campesinos de mi país encienden a la noche y alrededor de la cual se sientan a cenar, cuando hay, y luego a leer, cuando hay y cuando hay ganas, y a la que mosquitos y otros seres alados acuden ciegos de luz y la calor los mata, así yo, encandilado por don Alonso Quijano, no puedo sustraerme a su fulgor.

Muchas plumas hondas y brillantes han explorado los rincones del gran libro. Por eso, parafraseando al autor, declaro sin ironía alguna que, con seguridad, este discurso carece de invención, es menguado de estilo, pobre de conceptos, falto de toda erudición y doctrina. Sólo hablo como lector devoto de Cervantes, pero quién puede describir los territorios del asombro. Con mucha suerte y perspicacia, es posible apenas sentarse a la sombra de lo que siempre calla.

Cervantes se instala en un supuesto pasado de nobleza e hidalguía para criticar las injusticias de su época, que son las mismas de hoy: la pobreza, la opresión, la corrupción arriba y la impotencia abajo, la imposibilidad de mejorar los tiempos de penuria que Hölderlin nombró. Se burla de ese intento de cambio y se burla de esa burla porque sabe que jamás será posible terminar con la utopía, recortar la capacidad de sueño y de deseo de los seres humanos. Cervantes inventó la primera novela moderna, que contiene y es madre de todas las novedades posteriores, de Kafka a Joyce. Y cuando en pleno siglo XX Michel Foucault encuentra en Raymond Roussel las características de la novela moderna, éstas: "el espacio, el vacío, la muerte, la transgresión, la distancia, el delirio, el doble, la locura, el simulacro, la fractura del sujeto", uno se pregunta ¿qué? ¿No existe todo eso, y más, en la escritura de Cervantes?

Su modernidad no se limita a un singular universo literario. La más humana es un espejo en el que podemos aún mirarnos sin deformaciones en este siglo XXI. Dice Don Quijote: "Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala (disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar la maldita máquina) y corta y acaba en un instante los pensamientos y la vida de quien la merecía gozar luengos siglos".

Desde el lugar de presunto caballero andante quejoso de que las armas de fuego hayan sustituido a las espadas, y que una bala lejana torne inútil el combate cuerpo a cuerpo, Don Quijote destaca un hecho que ha modificado por completo la concepción de la muerte en Occidente: es la aparición de la muerte a distancia, cada vez más segura para el que mata, cada vez más terrible para el que muere. Pasaron al olvido las ceremonias públicas y organizadas que presidía el mismo agonizante en su lecho: la despedida de los familiares, los amigos, los vecinos, el dictado del testamento ante los deudos. La muerte hospitalizada llega hoy con un cortejo de silencios y mentiras.

Y qué decir de los 200.000 civiles de Hiroshima que el coronel Paul Tobbets aniquiló desde la altura apretando un simple botón. Piloteaba un aparato que bautizó con el nombre de su madre, arrojó la bomba atómica y después durmió tranquilo todas las noches, dijo. Pocos conocen el nombre de las víctimas cuya vida el coronel había segado. La muerte se ha vuelto anónima y hay algo peor: hoy mismo centenares de miles de seres humanos son privados de la muerte propia. Así se da en Irak.

Creo, sin embargo, como el historiador y filósofo Juan Carlos Rodríguez, que el Quijote es una gran novela de amor. Del amor imposible. En el amor se da lo que no se tiene y se recibe lo que no se da y ahí está la presencia del ser amado nunca visto, el amor a un mundo más humano nunca visto y torpemente entrevisto, el amor a una mujer que no es y a una justicia para todos que no es. Son amores diferentes pero se juntan en un haz de fuego. ¿Y acaso no quisimos hacer quijotadas en alguna ocasión, ayudar a los flacos y menesterosos? ¿Luchando contra molinos de aspas de acero, que ya no de madera? ¿Despanzurrando odres de vino en vez de enfrentar a los dueños del dolor ajeno? ¿"En este valle de lágrimas, en este mal mundo que tenemos -dice Sancho-, donde apenas se halla cosa que esté sin mezcla de maldad, embuste y bellaquería"?

He celebrado hace dos años, con ocasión de la entrega del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, mi llegada a una España que no acepta las aventuras bélicas y que rompe clausuras sociales que hieren la intimidad de las personas. Hoy celebro nuevamente a una España empeñada en rescatar su memoria histórica, único camino para construir una conciencia cívica sólida que abra las puertas al futuro. Ya no vivimos en la Grecia del siglo V antes de Cristo en que los ciudadanos eran obligados a olvidar por decreto. Esa clase de olvido es imposible. Bien lo sabemos en nuestro Cono Sur.

Para San Agustín, la memoria es un santuario vasto, sin límite, en el que se llama a los recuerdos que a uno se le antojan. Pero hay recuerdos que no necesitan ser llamados y siempre están ahí y muestran su rostro sin descanso. Es el rostro de los seres amados que las dictaduras militares desaparecieron. Pesan en el interior de cada familiar, de cada amigo, de cada compañero de trabajo, alimentan preguntas incesantes: ¿cómo murieron? ¿Quiénes lo mataron? ¿Por qué? ¿Dónde están sus restos para recuperarlos y darles un lugar de homenaje y de memoria? ¿Dónde está la verdad, su verdad? La nuestra es la verdad del sufrimiento. La de los asesinos, la cobardía del silencio. Así prolongan la impunidad de sus crímenes y la convierten en impunidad dos veces.

Enterrar a sus muertos es una ley no escrita, dice Antígona, una ley fija siempre, inmutable, que no es una ley de hoy sino una ley eterna que nadie sabe cuándo comenzó a regir. "¡Iba yo a pisotear esas leyes venerables, impuestas por los dioses, ante la antojadiza voluntad de un hombre, fuera el que fuera!", exclama. Así habla de y con los familiares de desaparecidos bajo las dictaduras militares que devastaron nuestros países. Y los hombres no han logrado aún lo que Medea pedía: curar el infortunio con el canto.

Hay quienes vilipendian este esfuerzo de memoria. Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Sólo así es posible el olvido verdadero. La memoria es memoria si es presente y así como Don Quijote limpiaba sus armas, hay que limpiar el pasado para que entre en su pasado. Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destitución del pasado en general, en realidad quieren la destitución de su pasado en particular.

Pero volviendo a algunos párrafos atrás, ¡hay tanto que decir de Cervantes!. De este hombre tan fuera del uso de los otros. De sus neologismos, por ejemplo. Salvo él, nadie vio a una persona caminar asnalmente. O llevar en la cabeza un baciyelmo. O bachillear. Don Quijote aprueba la creación de palabras nuevas, porque "esto es enriquecer la lengua, sobre quien tienen poder el vulgo y el uso". Hace unos años, ciertos poetas lanzaron una advertencia en tono casi legislativo: no hay que lastimar al lenguaje, como si éste fuera río coagulado, como si los pueblos no vinieran "lastimándolo" desde que empezaron a nombrar. Cuando Lope dice "siempre mañana y nunca mañanamos" agranda el lenguaje y muestra que el castellano vive, porque sólo no cambian las lenguas que están muertas. La lengua expande el lenguaje para hablar mejor consigo misma.

Esas invenciones laten en las entrañas de la lengua y traen balbuceos y brisas de la infancia como memoria de la palabra que de afuera vino, tocó al infante en su cuna y le abrió una herida que nunca ha de cerrar. Esas palabras nuevas, ¿no son acaso una victoria contra los límites del lenguaje? ¿Acaso el aire no nos sigue hablando? ¿Y el mar, la lluvia, no tienen muchas voces? ¿Cuántas palabras aún desconocidas guardan en sus silencios? Hay millones de espacios sin nombrar y la poesía trabaja y nombra lo que no tiene nombre todavía.

Esto exige que el poeta despeje en sí caminos que no recorrió antes, que desbroce las malezas de su subjetividad, que no escuche el estrépito de la palabra impuesta, que explore los mil rostros que la vivencia abre en la imaginación, que encuentre la expresión que les dé rostro en la escritura. El internarse en sí mismo del poeta es un atrevimiento que lo expone a la intemperie. Aunque bien decía Rilke: "[…] lo que finalmente nos resguarda/es nuestra desprotección". Ese atrevimiento conduce al poeta a un más adentro de sí que lo trasciende como ser. Es un trascender hacia sí mismo que se dirige a la verdad del corazón y a la verdad del mundo. Marina Tsvetaeva, la gran poeta rusa aniquilada por el estalinismo, recordó alguna vez que el poeta no vive para escribir. Escribe para vivir.

4 de mayo de 2008

Pájaros del regreso



El tiempo
Que es un pájaro despierto
Trepó llevándonos.
Íbamos de regreso
Sonriendo al devolver
Y riendo por encontrar
Afectos. Usted sabe: el tiempo.

Es como un pájaro
Que lleva abierto el pico
(Aunque a veces lo cierre
Y el fin lo sorprenda lejos).
Como llevábamos ancha la boca
De tanto cuento
Y mucho buche lacrimal
Intentábamos reír.

Se volvía con el tiempo
Agotándonos de tanto demorar
En avión/ Superiores alas
A cualquier pájaro
O transporte histórico
Que vuele a pico abierto.
Íbamos escribiendo
Y llorando a veces
Entre sacudones (usted sabe:
El tiempo puede cerrarle
A uno el pico
En el mismísimo aire).

Usted esperaba/ Afortunadamente
Con mucho tiempo.

(c) Carlos Enrique Cartolano, de ¨Cuerdas - poemas¨, 2003

29 de abril de 2008

Destello




Despierto aliviado
Porque obedezco a un destello:
Parpadeos y aletear
Columpia mi mañana.

Así fue cuando llegaste
Y cada vez que resucito:
Porque me orbitas
Amanezco en tus pupilas.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De ¨Poemas del amor que vence a la muerte¨,  editados en 2011 (Emooby).

23 de abril de 2008

Primer milagro



Una habitación blanca
Despojada
Ventilada cada día
Es nuestra intimidad.

Primer milagro
Del amor.

Santuario que canda
El propio diccionario:
Concilia manos y ternura
Sueños con pasión.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De ¨Poemas del amor que vence a la muerte¨, editados en 2011.

 

21 de abril de 2008

Esta nube



Esta nube me arrastra
Con sus brazos de humo.
Esta nube
De riqueza malograda
Que huele a gas
Letal
Y a discordia/ A órdenes
Militares/ A palabras
Sometidas.

Es del incendio tucumano
Es de viejo bueno
De la séptima batería
En punta ancla
De dos escuelitas
Colmadas de violadores.

Me alcanza
Desde esa garganta diantre
De la esma.
Nace en treinta mil suspiros:
Esta nube
De riqueza malograda.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De Poemas del amor que vence a la muerte, 2008

 

Sarepta




Amor yermo
Con forma de pan
Ácimo:
Él cree sin haber visto.

Amor desde las manos:
El frasco de aceite rebosante
Y el puño desbordado
Amasan retoños.

Amor de viuda
Levadura del desierto:
La muerte huye
Con su trípode al hombro.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De Poemas del amor que vence a la muerte, 2008

11 de abril de 2008

El par





Un adolescente despierta
Conmigo en las mañanas.
El preguntón y lenguaraz
Interroga:
¿Qué amor te levanta?

Éste le contesto:
El que dibuja sonrisas
Si se trata de primicias
Del corazón urgente
Hijos/ Como ideas
Y poemas
Que cantan alabanza.

Éste:
Que concede estar cerca
Siempre
Y siento que me bendice
Desde la postrera duna.

El que te abrasa
Cuando lo entregas.


Y satisfecho
Fuerte/ Valiente
Como Josué:
El par desprendido
De mi desierto
Colma de juventud
El nuevo día
Ocupándome

Siempre.


(c) Carlos Enrique Cartolano, de Poemas del amor que vence a la muerte, 2008

 

Distinciones obtenidas en 2008

Poemas de ¨Avisos y Señales¨ publicados en Revestidos, revista literaria virtual (España)
www.revestidos.es


Incluído en CLAUSTRO POETICO - Antología poética virtual - Jaén (España)

Primer premio de poesía, SADE Certamen ¨Alberto Maritano¨ - San Genaro (Santa Fe, Arg)

Poesía de ¨Poemas del amor que vence a la muerte¨ publicado en ¨La Buhardilla¨, Nº 23, abril-mayo 2008

www.venetorosario.org.ar/buhardilla

2do Premio Ensayo Historiográfico por ¨Indios amigos¨ en Arauco Voces del Tiempo 2008, encuentro nacional organizado por SALAC filial Aimogasta y Gaceta Literaria Huaymocacasta – Aimogasta, La Rioja

Mención del Jurado por ¨Arte en Palabras¨, poesía de ¨Poemas del amor que vence a la muerte¨. Arauco Voces del Tiempo 2008, encuentro nacional organizado por SALAC filial Aimogasta y Gaceta Literaria Huaymocacasta – Aimogasta, La Rioja

Poesía integrante de ¨Avisos y señales¨ publicada en Letra Universal, de Argentina (http://letrauniversal.blogspot.com). Agosto 2008.

Poesías integrantes de ¨Poemas del amor que vence a la muerte¨, publicadas en la revista electrónica ¨Isla Negra¨, de Argentina (www.isla_negra.zoomblog.com) Setiembre 2008.

Poesías integrantes de ¨Poemas del amor que vence a la muerte¨, publicadas en la revista ¨Termita Caribe¨, de Colombia/ España. Octubre 2008.

Ensayos integrantes del volumen en preparación ¨Escenario violento¨, publicados por las páginas www.sabersinfin.com (México) y www.redaccionpopular.com (Argentina). Octubre 2008.

Su novela ¨La trampa de arena¨ fue presentada al Premio CLARIN Novela 2008, sin alcanzar el pelotón de los diez trabajos finalistas. Aún así, el solo hecho de haber sido aceptada en concurso, resultó para el autor una verdadera distinción. Octubre 2008.

Publicado el poema ¨Desguace¨ (del volumen ¨Poemas del amor que vence a la muerte¨) en Contrafuerte nº 54, México. www.razonesdeser.com

Publicado el cuento ¨Las semillas¨ (del volumen ¨Completar la mirada¨) en Letras en Rebeldía nº 10, México. http://letrasenrebeldia.com

Publicado el ensayo ¨Ancalao furioso, o la justicia insuficiente¨ (del volumen ¨Escenario violento¨) en Caña Santa, Canadá. www.canasanta.com

Incluído en la antología ¨Pan, amor y poesía - Culturas alimentarias argentinas¨, con el poema ¨Receta¨. Compilador: José Muchnik. Ediciones Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria -INTA-. Setiembre 2008.



22 de enero de 2008

A propósito de José Saramago



Ardiente espera -de Avisos y Señales-


Respuesta a José Sarmago (*)




¡Bienhechores del mundo: adelante!
Hombres de la maza y del acero
Merodeadores del carbón
Del níquel/ De la piedra
¡Adelante!


Anden erguidos/ El corazón llameado:
Cultivadores de la pradera
Ordeñadores de la riqueza
Bienhechores. Los que fundan paredes
Y tensan la plomada
Los que talan y aserran
Carpinteros.

Hombres del anzuelo y de la red
Mariscadores/ Cocineros.
Y almarios de las fábricas
Veladores del ardiente deseo:
Los de alambique y erlemeyer
Hombres de blanco/ Enfermeros.
¡Bienhechores del mundo: adelante!

Madres de la vida/ Espejos de Dios
Oasis/ Abrevaderos del hombre:
Las queremos al frente. ¡Conductoras!
¡Adelante por siempre a la espera!

A los hombres del chip
Que hicieron un vergel de las matemáticas.
A los memoriosos que reviven con justicia
A sus mayores
¡También ustedes: adelante!


Vayan todos adelante
Con los sabios/ Con los revolucionarios
Vayan con jóvenes seguros
De cambiar el mundo.

Músicos/ Actores/ Poetas
Plásticos y filósofos
Místicos/ Sacerdotes:
Todos los que transfiguran
La miseria. Periodistas al servicio
De lo real/ Pulcros políticos.

¡Adelante bienhechores: adelante!
Somos servidores. Administramos
El tiempo y lo ajeno/ Leales bienhechores:
Setenta generaciones nos asisten.

¡Ustedes adelante: bienhechores!
Los que rezaguen/ Tropezadores demorados
Que se detengan a lamer las sobras
No obtendrán piedad: Serán blanco del mundo.

Ustedes enciendan las máquinas
Pisen los pedales/ Giren las poleas
Den todo de sí. Amen y esperen.
¡Bienhechores del mundo: adelante!




(*) En entrevista realizada por Daniel Filmus, y con la autoridad que se le confiere a un Premio Nobel, José Saramago dijo entre otras cosas: No hay esperanzas. El mundo está gobernado por el crimen. El alma no existe, porque no puedo verla. No se qué cosa es Dios. Más preocupados por su desesperanza o por su tristeza, que por otra cosa, quisimos responderle.

(c) Carlos Enrique Cartolano. De Poemas del amor que vence a la muerte, 2008.